EL JUEGO Y SU PAPEL EN EL DESARROLLO . Belén Pozo Muñoz

Los padres usan el juego como una forma de mantener a los niños entretenidos y como un medio para obtener un tiempo de descanso necesario después de la jornada laboral. Pero la función principal del juego es el aprendizaje de una serie de estrategias cognitivas, afectivas y sociales que le facilitarán su integración en el mundo. Gracias al juego aprende a relacionarse, interactuar con los demás, a esperar turnos y a organizar su sistema cognitivo.

Cuando el niño es pequeño predomina un tipo de juego sin estructurar, donde el objetivo es explorar primero su cuerpo y las partes de éste, para pasar a aprender a establecer relaciones causa-efecto entre lo que ellos hacen y lo que ocurre como consecuencia en el medio.
Un poco antes del tercer cumpleaños del niño son típicos los juegos que implican mucho ruido. Es una época donde surge la imaginación, que junto a sus necesidades fisiológicas de movimiento le llevan a tirar, golpear objetos y explorar. Un objeto que al caer es capaz de producir un gran ruido, para el niño es algo emocionante por las características novedosas que ha sido capaz de producir como efecto de su conducta. Además de otro tipo de consecuencias secundarias como que se rompa el juguete, que mamá venga a regañarle o sencillamente obtener la atención del medio que le rodea.

Al principio el niño juega solo, pero a medida que crece, demanda la compañía de sus padres como compañeros de juego, para por último, jugar con sus iguales.

A partir del tercer año de vida, los niños imitan la conducta de sus padres trasladándola al juego; de este modo adquieren estrategias y habilidades sociales y afectivas, a través del conocimiento de las reglas, turnos y el desarrollo de la empatía. Es típico el juego de imitar a la madre, para ello cambian al muñeco, le regañan, le dan de comer le llevan de paseo.
Del juego realizado con los padres aprenden a seguir reglas de comunicación, como esperar turnos; este aprendizaje es necesario para un adecuado conocimiento social que le permita interaccionar y jugar con sus iguales, de lo contrario, no tendrá éxito en los acercamientos con otros niños, y es probable que acabe jugando solo y que ninguno quiera jugar con él, al intentar imponer siempre sus reglas y no respetar las propias del juego.

Cuando el juego más inmaduro y agresivo se prolonga en el tiempo o es más intenso y frecuente de lo normal, es probable que esté intentando llamar nuestra atención debido a que tenga alguna inquietud o dificultad, es recomendable acudir a un especialista para descartar o detectar cualquier dificultad o problemática.

En esta edad una detección rápida favorece una mejora más rápida.

 

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