Cómo fomentar la autonomía en los niños

DSC00217Existe una línea muy fina entre el exceso de protección y cuidado hacia el propio hijo y la educación autónoma unida al apoyo, favorecedora de la independencia, por lo que es fácil caer de un lado u otro sin apenas haberse dado cuenta. Así, es relativamente frecuente que aparezca la idea en los padres de que “si le protejo de todo, por lo menos mientras sea pequeño, no sufrirá”. Sin embargo, y aunque pueda resultar contradictorio, con el seguimiento de esta idea se estará sembrando la base de un posterior sufrimiento en el propio hijo  puesto que éste no se verá capaz en el futuro de desenvolverse solo, lo cual le producirá sentimientos de inseguridad y sentimientos de propia infravaloración, en resumidas cuentas, sufrimiento y malestar.

Con esto, y teniendo en cuenta que al menos durante el primer año de vida del bebé éste necesita una protección y cariño especiales, lo adecuado sería poder adquirir la idea de que el proceso educativo debe estar basado en la enseñanza del proceso vital de una forma autónoma.

Dada la dificultad que en ocasiones puede entrañar esta tarea, a continuación se ofrecen algunos consejos y pautas que ayudarán a los propios hijos a valerse por sí mismos y convertirse en personas seguras, autónomas e independientes:

  • Procurar no estar siempre delante o pendiente del hijo, valorando posibles peligros existentes, reales o no; es necesario dejarles tiempo y espacio para experimentar ellos solos, poder caerse… poder equivocarse…
  • Aprender a aceptar que el hijo llore o proteste, no evitarle todo sufrimiento, y ayudarle a que poco a poco vaya controlando sus propias emociones.
  • Asignar alguna tarea o responsabilidad, por ejemplo en casa, que sea únicamente suya: poner la mesa, ordenar de sus juguetes, cuidar de una mascota..
  • Permitir que el niño vaya tomando por sí mismo algunas decisiones adecuadas a su edad, como por ejemplo la elección de su ropa los fines de semana, y que tome la iniciativa en algunas cuestiones de vez en cuando.
  • Valorar sus propias opiniones e ideas.
  • Tratar de no inmiscuirse en los problemas surgidos entre niños y dejar que sean ellos mismos quienes los resuelvan.
  • Tratar de no intervenir en determinadas tareas que, aunque le resulten algo más complicadas, el que las haga solo no entraña ningún peligro real, por ejemplo ir comiendo solo aunque se manche o vestirse solo aunque se abroche mal los botones.
  • No adelantarse ni cumplir todas y cada una de sus necesidades incluso antes de que lo pidan, de modo que aprendan que lo que se quiere requiere un esfuerzo, de lo contrario aprenderán a exigir.
  • No convertir a los hijos en el “centro único del universo”, esto es, realizar la labor como padres pero sin olvidar la relación y el sistema de pareja.

Aida Mañero Ocarranza

Psicóloga

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