¿Síndrome post-vacacional en los niños?

 

psicol3Llega la época del año en la que a todos, en mayor o menor medida, nos toca volver a adaptarnos a la rutina y al día a día, al trabajo, a los horarios… Ante esta situación, es posible encontrar dificultades para alcanzar dicha adaptación y conseguir de nuevo el ritmo abandonado por el inicio de las vacaciones.

 Este hecho, que como se comenta puede afectar con mayor o menor intensidad a la población adulta, también es posible que se manifieste en la población infantil puesto que los más pequeños, al igual que los adultos, deben volver a organizarse tras tres meses de menos obligaciones y horarios y más juegos y diversiones.

A diferencia de la mayoría de los adultos, los niños no sabrán poner nombre a aquello que sienten y a lo que les pasa, sin embargo, mediante la observación de sus comportamientos y actitudes es posible confirmar la presencia o no del síndrome postvacacional en los más pequeños de la casa. Así, en caso de que se manifieste este fenómeno, será posible observar:

 

  • Rabietas
  • Irritabilidad, tristeza, falta de concentración…
  • Negativa o dificultad para levantarse de la cama por las mañanas.
  • Negativa a querer acudir al colegio.
  • Desobediencia respecto de normas que anteriormente sí eran cumplidas.
  • Molestias físicas (dolor de cabeza, de tripa…)

Con todo esto, y para evitar las manifestaciones arriba citadas o, en su caso, tratar de mitigarlas y que el niño lleve la vuelta al cole lo mejor posible, a continuación se ofrecen algunos consejos que pueden contribuir a tal fin:

 

  • Comenzar una o dos semanas antes del inicio del curso a modificar horarios, esto es, ir cambiando progresivamente horarios más flexibles propios de vacaciones por otros más similares a los que se dan en la época escolar: cenar antes, acostarse más pronto y levantarse más temprano…
  • Preparar los padres junto con los niños todo el material necesario para el nuevo curso, como una actividad lúdica en la que todos participan, no como algo aburrido y costoso.
  • Dejar al margen las prisas; es mejor levantarse un poco antes, ir con tiempo y sin correr, sin gritos y sin estrés, así todos los miembros estarán más tranquilos y se afrontará la situación de una forma más adaptativa.
  • Adaptar progresivamente el tiempo de estudio y de deberes. Es muy complicado que desde que se inicia el nuevo curso los niños adopten un hábito de estudio similar al que tienen transcurrido un tiempo desde el comienzo de las clases, por un lado porque se ha abandonado aunque sea parcialmente durante el verano y por otro, porque al principio no tienen tanto volumen de trabajo. Por esto es aconsejable que se vaya incrementando el tiempo poco a poco y que desde el principio, aunque no haya deberes, se sienten un rato para ir instaurando este hábito de nuevo.
  • Continuar con el ocio durante el mes de septiembre, es decir, que no se produzca un cambio brusco en cuanto al juego y, aprovechando el buen tiempo que aun hay, continuar con las visitas al parque o la piscina por ejemplo.

Aida Mañero Ocarranza

Psióloga

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