No puedo evitar protegerle en exceso ¿qué pasa si lo hago? Aida Mañero Ocarranza

 Es común encontrar en consulta niños que presentan déficit en habilidades sociales, en resolución de problemas, en autonomía… Algunos de estos niños y niñas presentan estas dificultades como consecuencia de una sensación de propia incapacidad, de no poder hacerlo solos, que ha ido surgiendo con el paso del tiempo y que se va acrecentando a medida que no se enfrentan de manera individual a tales situaciones. A esto se une la comodidad que le supone a un niño el que le hagan algunas cosas demandándose de ellos el mínimo esfuerzo.

 De este modo mínimas demandas le resultan al niño o niña algo inmensamente complicado y costoso, lo cual conduce a la no realización de tal tarea por su parte, a no ser que se obtenga una ayuda directa de forma constante.

 A estas cuestiones, es necesario añadir el miedo actual que muchos padres manifiestan en relación a que sus hijos se frustren o se confundan en la realización de algo y, como consecuencia, lo pasen mal.

 Con todos estos factores, y con el paso del tiempo, lo que se crea es una situación de sobreprotección en la que los padres evitan de forma habitual que sus hijos se frustren o se equivoquen y en la que los niños, demandan constantemente la ayuda y acompañamiento de otro para cualquier asunto. Sin embargo, y a pesar de que muchos progenitores piensen que de este modo ayudan a sus hijos para que no se “traumaticen”, este estilo parental conlleva ciertas desventajas que es necesario tener en cuenta:

 –        No permite crear personas autónomas e independientes.

–        A la larga genera mayores niveles de frustración en los niños, ya que en algún momento tendrán que enfrentarse a algo solos y dado que no están acostumbrados ni preparados, lo pasarán peor que si hubieran “practicado” desde la infancia.

–        Conlleva un déficit en numerosas áreas como puedan ser las habilidades interpersonales o la resolución de conflictos.

–        Genera en los niños baja autoestima e inseguridad, a la vez que refuerza un autoconcepto negativo.

–        Produce igualmente que los niveles motivacionales sean escasos, haciendo que la desgana que se experimenta sea cada vez mayor.

–        No permite la equivocación y, por tanto, tampoco el aprendizaje posterior que supone el errar.

 Por tanto, y a modo de conclusión, se pude afirmar que estilos parentales sobreprotectores en la infancia, producen en contra de lo que habitualmente se cree, mayores estados de frustración y malestar, precisamente aquello contra lo que dicho estilo educacional lucha en un principio.

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