CAUSAS E IMPLICACIONES DE LA BAJA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN. Aida Mañero Ocarranza

A menudo es frecuente encontrar en la práctica clínica diaria, niños y adolescentes que experimentan una baja tolerancia a la frustración, es decir, niños y adolescentes que sienten que no son capaces de soportar determinadas situaciones y que manifiestan una incapacidad para experimentar un cierto nivel de malestar.

Anteriormente se consideraba que la frustración que un individuo pudiese experimentar era algo negativo para el desarrollo tanto psicológico como emocional del mismo, creencia que se mantuvo durante bastantes años. Por el contrario, en la actualidad se considera que algún nivel de frustración en momentos determinados, es necesario en el proceso de educación y desarrollo de los niños ya que de esta forma se fomenta su fortaleza ante las adversidades que seguro se presentarán a lo largo de su vida.

Entre las posibles causas de esta baja tolerancia a la frustración que hoy en día es frecuente observar entre niños y adolescentes, se encuentran:

–        Ausencia de límites presentes en la educación: es habitual encontrar en estos casos niños o adolescentes a los cuales no se les pone, ni se les ha puesto anteriormente, ningún tipo de límite y normalmente no se encuentran con un “no” por respuesta.

–        Consecución de satisfacciones de forma inmediata: estos niños tienen todo aquello que desean al momento, inmediatamente, todo lo cual implica necesariamente que no saben y no son capaces de demorar la gratificación. Prefieren recibir una recompensa pequeña en el momento, que esperar y conseguir un premio más grande pero mayor.

–        Igualmente, es frecuente en estos casos que los padres resuelvan a sus hijos situaciones complejas o problemas por miedo a que ellos se equivoquen y como consecuencia pasen un mal trago.

–        Falta de oportunidad para tomar las propias decisiones: hay ocasiones en las que el niño debe decidir y escoger entre diferentes opciones, sin embargo, debido a que decidir implica un riesgo y una renuncia, finalmente son los padres los que toman esa decisión con la intención de que sus hijos no experimenten malestar.

Así pues, todas estas circunstancias conllevan una serie de implicaciones:

–        Mayor tendencia a la desmotivación ante cualquier incomodidad o contratiempo.

–        Tendencia al pensamiento a corto plazo, sin tener en cuenta un pensamiento más a largo plazo y sus consecuencias.

–        Creencia de que las cosas en la vida siempre son fáciles y cómodas y se consiguen sin ningún tipo de esfuerzo.

–        Evitación y escape de situaciones complejas en lugar del afrontamiento de las mismas,  con el objetivo de no experimentar malestar ni sufrimiento.

–        Miedo al fracaso.

–        Ausencia de la habilidad para la resolución de conflictos.

–        Ausencia de la habilidad para la toma de decisiones.

 Cuando el entorno más cercano del niño o adolescente se hace consciente de que todo esto repercute de forma negativa en los mismos, es necesario la intervención de profesionales que puedan abordar todos estos puntos y que doten al niño de las herramientas y habilidades necesarias.

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