LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS Y SU USO EN LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA. Aida Mañero Ocarranza.

Actualmente es algo extraño encontrar un niño o adolescente que no haga uso, e incluso que no disponga, de internet, de móvil, de videojuegos… Estas herramientas son de fácil acceso y casi cualquier persona puede disponer de ellas de manera inmediata, además, debido a los continuos avances que se realizan en este campo, estas tecnologías ya no sólo tienen una única función, sino que por el contrario un mismo aparato tiene diferentes usos.

Debido al fácil acceso, junto con el gran número de horas que en ocasiones se destinan al empleo de estas nuevas tecnologías, el interés por la posible adicción que pueden generar se ha incrementado en los últimos tiempos, dando lugar a un nuevo campo de estudio, el de la adicción a las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). Los estudios llevados a cabo hasta el momento no concluyen si las TIC son capaces de producir una adicción tal y como lo hacen otras sustancias y, por tanto no se puede afirmar a ciencia cierta la existencia de un trastorno adictivo relacionado con estas tecnologías, sin embargo, sí parecen existir algunos indicadores que señalan un uso cuanto menos problemático de estos aparatos en algunos casos.

En concreto entre adolescentes se ha observado la existencia de una relación entre el número de horas conectado a internet y su uso problemático, sin embargo, no hay una relación directa causa-efecto entre el tiempo que se pasa delante del ordenador y los problemas psicológicos, no obstante se debe de tener en cuenta y estar atento a ello, ya que puede actuar como señal que indique que algo no va bien en el sujeto como por ejemplo que use esta actividad como forma de evadirse de alguna preocupación o problema.

Algunos de los posibles indicadores que alerten al entorno del niño o adolescente de que algo no funciona como debería, y que se está llevando a cabo un empleo dañino y no adaptativo de las nuevas tecnologías, pueden ser los siguientes:

  • Descuido de las obligaciones.
  • Aparición de problemas familiares.
  • Alteración del rendimiento académico.
  • Pérdida o cambio repentino de amistades.
  • Empleo de mentiras por parte del niño o adolescente.
  • Alteraciones en el sueño.
  • Anhedonia.
  • Disminución de las actividades de ocio.

Estos indicadores no suelen aparecer de forma aislada sino que es frecuente que se presenten en conjunto. Unidos a todas estas señales de alarma, es importante que el entorno del adolescente observe su actitud y reacciones en caso de que pase un tiempo prolongado sin acceso a la herramienta de que se trate en concreto.

Si aparecen los indicadores anteriores y se observan mantenidos en el tiempo se debe de pedir ayuda a un profesional, con el objetivo de que esto no interfiera de manera significativa en la vida del adolescente y de su entorno y no se cronifique en el tiempo.

 

 

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