Qué hacer para que cuente

descarga-4-150x150Qué hacer para que cuente

Hoy en día a pesar de que nos encontramos en la sociedad de la información, cada vez es más común que acudan padres a consulta diciendo que sus hijos nos les cuentan cosas, que hay una falta de comunicación, que no salen da las respuestas bien o mal.

¿Qué está ocurriendo?

Lo primero de todo es la falta de tiempo, para favorecer una adecuada comunicación es necesario que se establezca un ambiente favorecedor de la misma dónde lo más importante es el tiempo. Por otro lado están las nuevas tecnologías que no favorecen la comunicación tú a tú, donde se pierde la comunicación no verbal, la cual es la base de una adecuada comunicación.

¿Qué podemos hacer?

Reservar en la agenda del día el “momento de la comunicación”, en este momento no podrán utilizarse dispositivos móviles, ni tablets u ordenadores. En este momento será el adulto el que en un principio guíe la situación. En lugar de preguntar, contará cosas que le han pasado durante el día, basándose en los sentimientos que le han generado y la importancia de expresarlo como forma de afrontamiento. Por ejemplo: ” Hoy me siento triste, porque mi jefe se enfadó conmigo porque se me olvidó hacer una tarea, la próxima vez tengo que estar más concentrado”. Es muy importante no negativizar ningún sentimiento o emoción para la canalización de las mismas. En el caso de que no nos haya pasado nada, si es necesario se “inventará” alguna situación, es muy importante que ellos vean la importancia de contar las cosas, pero desde la imitación y no desde la pregunta. Una opción es que se hagan turnos de hablar.

Belén Pozo

Psicóloga

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Se hace pis en la cama… ¿espero a que madure?

Sin títuloSe hace pis en la cama… ¿espero a que madure?

Esta pregunta se la plantean numerosos padres cuando observan que su hijo no termina de aprender a estar seco toda la noche.

El primer paso que suelen dar, y el recomendable, es acudir al pediatra para que descarte cualquier afectación médica o fisiológica que explique el porque de la no adquisición de dicha autonomía. Una vez descartado este hecho surge la pregunta ¿qué podemos hacer?, la mayor parte de los pediatras recomiendan la disminución de la ingesta de líquidos a partir de las 6 de la tarde y esperar a que madure.

¿Esta es realmente la solución? Con respecto a la limitación de la ingesta de líquidos no conseguimos nada más que ocultar el problema, es menos probable que se haga pis pero no le estamos enseñando a que lo aprenda, además se lo hará pero en menos cantidad. Con respecto al esperar a que madure, es cierto que para la adquisición del control de esfínteres se requiere de una maduración neurológica, por ello no todos los niños aprenden a la misma edad, pero la maduración no asegura que lo consiga y además en esta premisa nos olvidamos de las emociones del niño. El hacerse pis genera una baja autoestima, preocupaciones, problemas de sueño o inseguridad entre otros, ya que el niño observa que no es capaz de hacer algo que pueden hacer los demás niños, sin olvidar que les hace no poder formar parte en ocasiones de situaciones sociales como salir a casa de algún amiguito o ir de campamento.

Por todo ello es de vital importancia acudir a un psocólogo infantil que analice el por qué de la no adquisición, al igual que el médico evalúa las causas físicas el psicólogo puede ayudar al niño a la adquisición de dicha autonomía. ¿Qué hacemos cuando estamos constipados? ¿esperamos a que pase o tomamos fármacos?

Belén Pozo

Psicóloga

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Los reyes de la casa

RoLos reyes de la casa

En la educación y pautas de comportamiento hemos observado un gran cambio generacional que está afectando en los diferentes ámbitos de la vida del niño.

Se ha pasado de un autoritarismo extremo, centrado en la jerarquización absoluta a la democracia extrema en la que no hay una jerarquía en el ambiente familiar.

Este hecho está conllevando consecuencias en ambientes como la escuela o sociales, en los que hay un mayor número de conflictos y deseos de mando y autoridad. Hoy en día es más probable que los niños quieran siempre mandar, no acepten las normas y quieran salirse siempre con la suya.

Uno de los factores que influyen en el hecho anterior es que en el ámbito familiar se tiende a hacer demasiado partícipe al niño en las tomas de decisiones, se les dan muchas explicaciones y se les intenta convencer para que realicen las cosas. Se ha pasado del, porque yo lo digo y punto al ¿si quieres?, esto hace que el niño exija lo mismo al profesor y en un futuro a su jefe y que en las relaciones sociales exija lo mismo a sus iguales, salirse con la suya de manera inmediata. El darle tantas explicaciones le lleva a exigirlas, y siempre hay que tener clara una premisa, no quiere la explicación, quiere salirse con la suya.

Por lo que es muy importante que volvamos a equilibrar la balanza, que escuchemos las emociones del niño pero que les demos unos límites claros, sencillos y que se cumplan, ya que estos le aportarán seguridad, autoestima y una buena base futura.

Belén Pozo

Psicóloga

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Cuándo acudir a un profesional

IMG-20160224-WA0006[1]Cuándo acudir a un profesional

En la etapa infantojuvenil pueden aparecer diferentes dificultades desde académicas, pasando por sociales y emocionales.

Problemas de lectura o escritura, dificultades para hacer amigos, comportamientos inadecuados, dificultades para dormir, para controlar los esfínteres, arranques de enfados o nerviosismo, entre otros, son problemáticas a las que se enfrentan niños y adolescentes en el día a día.

Ante estas problemáticas el primer paso suele ser esperar a ver qué ocurre o acudir al pediatra, por lo general el comentario más común que suele surgir es “vamos a esperar a ver si madura”, pero qué ocurre durante este tiempo, cómo se siente el niño o adolescente, qué pierde por el camino.

Ante una preocupación o dificultad de un niño o adolescente el primer paso a dar es acudir al profesional adecuado, un psicólogo, al igual que se acude al pediatra cuando se observa tos en el niño o mucha mucosidad, para evaluar y determinar dicha dificultad, si esta se encuentra dentro de la normalidad y qué pasos a dar.

¿Qué pasa si acudimos a un profesional?

  • Evaluará qué está ocurriendo y veremos el por qué de lo que pasa
  • Aportará estrategias a padres e hijos para si ocurre en un futuro de nuevo esa situación puedan solventarla
  • Se aliviarán los síntomas que presentan
  • Las dificultades desaparecerán y no se verán alteradas otras áreas

Belén Pozo

Psicóloga

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La importancia de las autonomías

desmotivacionLa importancia de las autonomías

Las autonomías en el ámbito familiar influyen de manera significativa en lo escolar.

Es muy importante que los niños adquieran sus autonomías lo que posteriormente repercutirá de forma positiva en el aprendizaje.

Autonomías como recoger su habitación o su ropa favorecen que en el ámbito escolar presenten un trabajo más ordenado.

Tener la habitación ordenada y no sacar un juguete hasta que no se haya recogido el anterior influye sobre los procesos atencionales.

Tener una responsabilidad en casa como poner la mesa o bajar la basura, además de influir de manera positiva en la autoestima del niño, favorece la responsabilidad.

A parte de la importancia de que estas autonomías se lleven a cabo es que no sean recordadas por parte de los padres de manera constante, ya que sino de este modo, el responsable de las mismas será el padre y no el niño, y se estará favoreciendo que no ejercite su memoria ni planificación.

Belén Pozo

Psicóloga

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Tengo un trastorno del procesamiento sensorial. Primera parte

Tengo un trastorno del procesamiento sensorial. Primera parte

Para algunos niños, el hecho de vestirse, jugar, realizar las tareas escolares, bañarse, peinarse, lavarse los dientes, o limpiarse los oídos, el dormir o comer, pueden llegar a convertirse en verdaderos problemas en su día a día, implicando problemas emocionales y problemas en actividades sociales y/o académicas.

La integración sensorial se define como la capacidad de asimilar y de dar sentido a la información proporcionada por todas las sensaciones que provienen del cuerpo y del mundo exterior que nos rodea. Es necesaria para poder interactuar socialmente, para el desarrollo del control motriz y para el aprendizaje. Para poder realizar nuestras actividades diarias es necesaria una adecuada integración de las funciones sensoriales. Un procesamiento sensorial adecuado va a favorecer un buen desarrollo de la alimentación, de la integración bilateral, de la coordinación motora gruesa y fina, de la autorregulación, de los aprendizajes, de la autoestima,…

Existen diferentes sistemas sensoriales, el sistema auditivo, visual, olfativo, gustativo, el sistema táctil, propioceptivo y el vestibular. Si los sistemas sensoriales funcionan adecuadamente, y más concretamente, estos tres últimos, el niño va a ser capaz de dar respuestas adaptativas a su entorno.

A través del sistema táctil, se registra la información relacionada con la temperatura, el frío, el calor o el dolor, permitiéndonos discriminar los estímulos del medio. Permite interpretar la naturaleza temporal o espacial de un estímulo y nos protege de un posible peligro a través del movimiento y el estado de alerta. Está implicado entonces, en el conocimiento de nuestro cuerpo, en el sentido de seguridad y en el desarrollo del vínculo emocional.

La propiocepción, hace referencia a la percepción de los movimientos de las articulaciones y del conjunto del cuerpo, a la percepción de la posición del mismo o de sus partes, a la percepción de la dirección, el espacio o la velocidad y también de la fuerza muscular. Gracias al sistema propioceptivo, hay una mayor conciencia corporal y se facilita la coordinación motora y la modulación de los estados emocionales. Nos informa de la ubicación de las diferentes partes del cuerpo y de lo que hacemos sin tener que estar pendiente, de esa parte del cuerpo. Cuando hay dificultades en este sistema, aparecen problemas de rigidez o de torpeza y quien sufre de este trastorno, ha de estar pendiente de las partes del cuerpo para tenerlas localizadas.

El sistema vestibular, favorecerá el equilibrio y el tono muscular durante los movimientos que se hagan con la cabeza, permitirá que haya estabilidad en los ojos y, favorecerá también la conciencia subjetiva del movimiento del cuerpo a través del espacio y de la posición del mismo. Niños con problemas en este sistema, pueden mostrarse muy inquietos en el sentido de que desean moverse continuamente, como es el caso de dar vueltas y vueltas, o también podemos encontrarnos el caso de niños que no les guste el movimiento ya que el cambio postural y la planificación de diferentes acciones les resulta dificultosa.

El trastorno del procesamiento sensorial o también conocido como disfunción de la integración sensorial, afecta a la capacidad que tiene el Sistema Nervioso Central de interpretar  y organizar las informaciones que son captadas a través de los diferentes órganos sensoriales de nuestro cuerpo.

Se caracteriza por problemas en el desempeño de las actividades propias de la vida diaria, además de presentar problemas de conducta, hiperactividad, dificultades en procesos como la atención, concentración o el lenguaje, lentitud en el aprendizaje de actividades motoras, dificultades en el control postural o coordinación y estabilidad emocional, problemas de aprendizaje de la lectura, escritura o matemáticas. La disfunción interfiere también en la capacidad de conseguir los hitos importantes del desarrollo, de interaccionar socialmente con adultos e iguales de manera saludable y en tener buena autoestima.

Los síntomas se dan dentro de un amplio espectro de gravedad y frecuentemente los signos de este desarrollo sensorial inadecuado son sutiles, lo que va a originar dificultades a la hora de interpretarlos, pudiendo, ser encasillados como niños inquietos, intranquilos, desobedientes, o de malos alumnos y estudiantes.

Generalmente, van a tener reacciones inconstantes ante la información sensorial que les rodea y los problemas variarán en intensidad, de tal manera que algunos de los problemas sensoriales serán leves mientras que otros se presentarán en un grado de severidad mayor. Los niños pueden mostrarse más sensibles a un estímulo concreto y pueden manifestar menor sensibilidad a otro diferente, e incluso, se puede ver modificada la intensidad de sensibilidad de unos días a otros para un mismo estímulo o experiencia sensorial. Por ejemplo, puede haber hipersensibilidad cuando al niño se le pone champú en el pelo y poca sensibilidad ante una textura rugosa, como es el caso de una lima de uñas o un estropajo. En el caso del champú puede ponerse a llorar y gritar y en el caso de la textura más áspera, puede incluso agradarle y buscar esa sensación más a menudo, ocasionando daño en la piel.

A continuación se muestran algunas características que puede mostrar el niño, en relación a los diferentes sistemas sensoriales:

  • Sistema visual. Evita el contacto visual y mirar a determinados colores. La luz solar o más o menos brillante resulta molesta. Presenta dificultades para distinguir formas, letras impresas, primeros planos o fondos. Puede entrecerrar los ojos o mirar hacia abajo y frotarse los ojos para evitar determinados colores o luces, o todo lo contrario, fijarse en ellos detenidamente.
  • Sistema táctil. Busca el contacto físico o, se irrita y muestra agresividad cuando le tocan o si hay personas cercanas a él. Hay sensibilidad ante determinadas prendas y sus etiquetas, ante las cremas, el champú, el cortarse el pelo o el cepillado del mismo. También puede darse insensibilidad al dolor y poco sensibilidad ante texturas ásperas o, mucha, si ha de caminar descalzo sobre la arena de la playa o el césped de la piscina. Le desagrada tocar la plastilina, el pegamento, el barro, o pintar con las manos. También puede revolcarse en el suelo o en la arena sin resultarles desagradable.
  • Sistema auditivo. Hipersensibilidad a ruidos fuertes o que aparecen de manera inesperada pudiéndose tapar las orejas, o todo lo contrario, sensación de bienestar ante ellos. Distracción ante los sonidos.
  • Sistema olfativo y gustativo. Huele objetos, evita ingerir algunos alimentos por su olor, sabor o textura, mete en su boca objetos inadecuados para chuparlos o masticarlos. Algunos olores les resultan muy desagradables.
  • Sistema vestibular. No le gusta montar en columpios donde hay que balancearse o ser levantado del suelo, tampoco saltar, o subirse a determinados sitios. La práctica de deportes y determinados juegos le disgusta (futbol, pilla-pilla, baloncesto, saltar a la comba,…), prefiriendo jugar sentado. Por el contrario, también está el niño que siempre busca el estar en movimiento siendo a veces los juegos muy arriesgados y bruscos (le encanta trepar, mecerse, saltar, subirse a las alturas, correr, girar y dar vueltas, o los parques de atracciones,…). Parece no marearse y sí disfrutar mucho de esas sensaciones.
  • Sistema propioceptivo. Mal control de las posturas, camina con las punteras, se cansa con facilidad, tropieza con objetos o personas con facilidad.

Los cerebros de los niños que sufren de este trastorno, están conectados de manera distinta al resto, pero se les puede enseñar y dotar de estrategias más adaptadas a la forma que tienen de procesar la información y más adaptadas a sus necesidades y poder mejorar así, su calidad de vida.

Información obtenida de:

  • Beaudry Bellefeuille, I. Tengo duendes en las piernas. Cómo abordar la hiperactividad, el déficit de atención y otros problemas infantiles. Ediciones Nobel
  • California Childcare Health Program “Dificultad para procesar y organizar la información sensorial

 

Miriam Benavides

Psicóloga

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¿Cuándo juegan?

El juego¿Cuándo juegan?

Estamos en la era de la información y formación. Los niños de hoy en día hacen una actividad detrás de otra, tienen la agenda repleta de actividades extraescolares: fútbol, natación, esgrima, padel, inglés, chino, violín, piano… y un sin fin de actividades más. Después de todo esto llegan a casa y tienen que hacer sus deberes, estudiar y/o hacer trabajos, aquí surge el tema principal y… ¿cuándo juegan?

En la actualidad la formación y realización de actividades han quitado espacio al juego, al parque, a los juegos de mesa y al juego en la alfombra. Es cierto que debido a que ambos padres del ambiente familiar suelen trabajar es necesario apuntarles a actividades extraescolares, a lo que se le suma el hecho de que necesitan el deporte y los idiomas, pero… ¿dónde está el límite?

Es necesario que realicen actividades extraescolares pero es imprescindible que tengan su tiempo de juego, jugar a las cartas a juegos de mesa,… ¿por qué es tan importante?

  • Aprenden habilidades sociales
  • Se fomenta la tolerancia a la frustración
  • Mejora la comunicación no verbal
  • Expresión emocional de las preocupaciones
  • Liberación de tensiones
  • Establecimiento de vínculos sanos

Por todo ello y sobre todo porque para ellos es necesario para su desarrollo emocional es importante que se dedique tiempo a ello.

¿Cómo hacerlo?

Es cierto que la falta de tiempo es la regla general a la que nos enfrentamos, pero para llevar a cabo estas actividades son necesarios 10-15 minutos, lo importante no es la cantidad sino la calidad. En este momento de juego tradicional se debe de ser más flexible con el niño para favorecer su expresión y que el momento no se convierta en una regañina o enfado. Se puede proponer que cada día uno proponga las normas y sea el encargado de que se cumplan.

Belen Pozo

Psicóloga

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Rituales familiares

¿Cómo definir la palabra ritual?

“Las rutinas y los rituales son un medio para organizar la cotidianidad y devienen el modo mediante el cual las familias explicitan creencias compartidas e identidades comunes”.

Según la RAE, las rutinas se definen como la “costumbre o hábito adquirido de hacer cosas por mera práctica y de manera más o menos automática”.

La creación de rutinas y de rituales junto a su mantenimiento, son realmente importantes y conforman un ingrediente central de la vida en familia puesto que es un elemento de bienestar familiar, ya que incrementa el sentido de seguridad, el sentido de pertenencia, cohesión o unión, estabilidad y satisfacción, e implican además, a todos y cada uno de los miembros de la familia lo que refuerza las habilidades sociales en los menores.

Parece que los niños que experimentan rutinas que son regulares y que participan a la hora de crear rituales significativos en la etapa de crecimiento, van a estar mejor preparados para adaptarse a las normativas dentro del contexto escolar. Respecto al comportamiento rutinario en la etapa de primaria, facilitarán una mejor adaptación a lo largo de este período escolar y también, a lo largo de la adolescencia, período donde uno de los aspectos más característicos es la autonomía y la búsqueda de independencia con respecto al núcleo familiar.

Para estudiar la relación entre rutina, ritual y las habilidades sociales en los niños y niñas entre 4 y 5 años de edad, se lleva a cabo un estudio en el que participan 107 familias y 5 escuelas.

A cada núcleo familiar, le es administrado un Inventario de las rutinas familiares. Este incluía rutinas relacionales (elementos relacionados con conductas que facilitan la comunicación y el encuentro entre los familiares) y, rutinas normativas (elementos relacionados con actividades con un carácter más organizativo).

A través del Cuestionario sobre los rituales familiares, se obtiene información sobre el grado de ritualización de la familia en relación a diferentes momentos como son el almuerzo dominical, las fiestas religiosas, el fin de semana, la cena, los cumpleaños y las vacaciones.
Para seguir explorando la percepción del papel de los padres, finalmente, se administra el Cuestionario de Auto percepción del rol parental a través de las escalas de satisfacción, competencia, inversión y equilibrio de roles.

A los profesores, les fue administrado el Cuestionario sobre las fortalezas y debilidades de los niños para recabar información sobre las diferentes habilidades prosociales de los mismos.

Los resultados de este estudio indican que tanto la ausencia como el exceso de un comportamiento rutinario y de la importancia que se atribuya a éste, pueden dar lugar a disfuncionalidad en la regulación afectiva de los menores. De acuerdo a estos resultados, este comportamiento, puede tener un valor de protección pero también de destrucción en función de la presencia o ausencia del mismo.

¿Cuáles son las rutinas y los rituales que tiene vuestra familia?

Las familias, precisan de rituales y rutinas que sean flexibles ya que unen y generan bienestar en el núcleo familiar. Algunos de estos rituales pueden ser el comer una comida específica los domingos a las dos de la tarde, o ir al cine los viernes, acudir a las fiestas de la localidad cada año, o cantar villancicos los 24 de Diciembre. Ir a casa de los abuelos la tarde de los sábados y compartir una merienda junto a ellos, o incluso que los miembros de la familia se den un beso cada vez que se levantan y se van a la cama, o leer un cuento por la noche a los niños, o establecer la hora a la que hay que irse a dormir,…

Migliorini, L.; Cardinali, P. y Rania. N. (2011). La cotidianidad de lo familiar y las habilidades de los niños. Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 10 no.2 Págs.: 183-201.
Miriam Benavides
Psicóloga

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Cómo fomentar la motivación de tus hijos en los estudios

Cómo fomentar la motivación de tus hijos en los estudios

Uno de los aspectos que más preocupa a los padres, es saber cómo poder actuar con sus hijos sobre los estudios.

desmotivacionLa transición de un curso a otro, conlleva una mayor exigencia y dedicación en el niño. Es decir, un mayor número de horas a la semana de entrega al estudio y de tareas que tienen que realizar en casa. En muchos casos, estos cambios hacen que los niños pierdan interés, se desmotiven y estén cansados por tantas horas dedicadas al ámbito académico, favoreciendo el rechazo a sus estudios. Algunas de las frases más características suelen ser “estudiar es un aburrimiento, no me gusta, no sirve para nada, llevo todo el día con lo mismo, no me gustan las asignaturas, me da igual suspender,…”.

Es importante intentar empatizar con las circunstancias que vive el niño, esto nos ayudará a poder entender por lo que está pasando y el porqué de sentirse así. Ya que debido a la impotencia y preocupación de los padres por el futuro de sus hijos y su anhelo porque sean cada vez más autónomos e independientes. Sin darse cuenta, hacen que sus días estén llenos de comentarios (ejemplo: que aprueben, que se pongan solos a estudiar, que aprendan a organizarse y planificarse, que apunten todo en la agenda, que saquen muy buenas notas, que no les quede ninguna asignatura, etc.), que junto a otros factores tantos internos como externos del entorno, pueden acabar agobiando o presionando al niño o adolescente. Esto se convierte en una lucha diaria entre padres e hijos, cada vez que llega el momento de estudiar.

¿Qué aspectos tenemos que tener en cuenta para fomentar su motivación?

  • Castigos y presiones: evitar los castigos y las amenazas por no cumplir lo que debería haber hecho. Ya que esto, puede desmejorar la relación con el niño e incentivar un mayor número de conflictos, además de poder sentirse agobiado por todas las presiones, exigencias y comentarios sobre los estudios.
  • Crear con el niño un espacio exclusivo para el estudio: donde asocie un lugar y un tiempo de dedicación a las tareas y donde se evite cualquier tipo de distractor. Es importante que el niño se sienta cómodo, que no tenga muchos objetos con los que pueda distraerse en la habitación, así como una mesa limpia y organizada.
  • Comunicarse con los profesores: pueden asesorar sobre el tipo de técnica de estudio que le puedan ayudar al niño, ya que muchas veces su desmotivación viene por el no saber cómo hay que estudiar. Además de aconsejar sobre clases de refuerzo extraescolar, para que puedan reforzar, repartir y organizar las tareas de cada día.
  • Premios o reforzadores: motivarle con algo que deseé después del estudio, es uno de los alicientes más potentes para incrementar su motivación a la hora de hacer la tarea (ejemplo: cuando termines los deberes podrás ver un capítulo de tu serie favorita). Además de un premio podemos acompañarle con una frase que valore su esfuerzo puesto en la tarea (ejemplo: muy bien, lo has hecho genial. Te has ganado ver tu serie favorita). Si se lleva a cabo esto, es importante consensuarlo con el chico y que sea consciente de que se consigue por el esfuerzo y dedicación empleado, no como algo que se consiga sin más.
  • Actitud positiva: es importante que el niño vea o perciba a sus padres como figuras de apoyo con los que pueda contar y que sienta que creen en él. Para ello deben predominar comentarios positivos sobre los negativos. Esto ayudará a tener una actitud más positiva en el niño.
  • Participar en otros aspectos de su vida: es importante que no solo nos centremos en el ámbito académico. Esta claro que es un área importante pero también es necesario poder llenar las otras áreas del niño como es el área familiar, social y ocio. Se deben buscar otros momentos para pasar tiempo con él e implicarse en actividades que le gusten y que le hagan sentirse bien.

 

Rocío Delgado Iglesias

Psicóloga

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La adquisición de los aprendizajes y las funciones ejecutivas

La adquisición de los aprendizajes y las funciones ejecutivas

Las funciones ejecutivas en los niños y en las niñas aparecen en el primer año de vida y se irán desarrollando a lo largo de la adolescencia y primeros años de la edad adulta, teniendo en cuenta, que no todas las funciones se van a desarrollar a la vez. Algunos de estos componentes son el control de respuestas emocionales, la flexibilidad cognitiva, la memoria de trabajo, la planificación y organización, el manejo del tiempo, la toma de decisiones, la iniciativa, la supervisión y monitorización de la tarea, la organización de materiales, el establecimiento de metas, o la inhibición de respuesta.

Son muchos los trastornos que están relacionados con las funciones ejecutivas. Algunos en los que se evidencian alteraciones en estas funciones, son los trastornos del espectro autista, el déficit de atención e hiperactividad, el trastorno del aprendizaje no verbal, el trastorno específico del lenguaje, el trastorno de Tourette, la discalculia, la dislexia,…. También, en patología psiquiátrica, trastornos genéticos, parálisis cerebral o trastornos del desarrollo intelectual, se ven afectados en mayor o en menor medida estos procesos cognitivos.

En el ámbito educativo, son consideradas como habilidades imprescindibles en la adquisición de los aprendizajes. Una alteración en ellas, implicará diversos problemas en el área académica sobre todo en cursos que son más avanzados, donde la complejidad y la cantidad de información que hay que adquirir son mayores y por consiguiente, el nivel de exigencia que se pide es superior a cursos inferiores.

Se observa en muchos niños y niñas que a priori disponen de unas buenas capacidades cognitivas para poder adquirir los contenidos que se les plantean en clase, que a la hora de gestionar la información presentan problemas; presentan problemas, ya que no pueden acceder a dicha información, ni pueden organizarla, además de resultarles difícil realizar los trabajos o las tareas escolares, e incluso, los resultados que se obtienen en los exámenes, no son buenos.

Los estudiantes, han de ir relacionando las nuevas informaciones con aquellas que ya tienen a su disposición y es importante tener en cuenta que la estructura de los conocimientos previos, va a condicionar los nuevos conocimientos, y estos a su vez, también tienen su influencia sobre los ya adquiridos puesto que los reestructuran y los modifican.

Algunos componentes de estas capacidades cognitivas, como es el caso de la memoria de trabajo, tienen un peso muy importante en los aprendizajes (la escritura, la lectura o la resolución de problemas). Esta función cognitiva parece estar más relacionada con aprendizajes específicos, mientras que otras funciones como es el caso de la inhibición de la respuesta o de la flexibilidad cognitiva, lo están más con los aprendizajes en general.

Algunas señales a tener en cuenta, respecto a alteraciones ejecutivas, se presentan a continuación:

  • Lectura: pérdida del ritmo, dificultad para mantener la atención en fragmentos que son más largos, problemas para entender la globalidad,…
  • Escritura: problemas para unir las ideas o hechos, ya que se presentan de manera desorganizada y sin coherencia, falta de prioridad a la hora de escribir unas ideas ante otras,…
  • Hacer uso de estrategias y técnicas de estudio: baja tolerancia a la frustración, dificultades a la hora de hacer varias cosas a la vez, o de cambiar el foco atencional,…
  • Entregar tareas escolares: problemas en la organización de ideas, dificultades en la autorregulación o monitorización, dificultades en la estimación del tiempo, en el establecimiento de metas más o menos prioritarias, o problemas en los pasos a seguir,…

Como un rendimiento insuficiente en los componentes ejecutivos, repercutirá en áreas escolares (escritura, comprensión lectora, resolución de problemas, toma de apuntes, realización de esquemas y resúmenes, organización de los trabajos a entregar, ejecución de un exámen, capacidad para organizar el estudio,…), es adecuado ofrecer estrategias a nivel escolar tanto en este ámbito como en el familiar para poder mejorar las funciones ejecutivas y favorecer los aprendizajes.

Información obtenida de:

  1. Tirapu-Ustárroz; A. García Molina; M. Ríos-Lago; A. Ardila. (2012). Funciones ejecutivas y dificultades de aprendizaje. K. García Nonell; E. Rigau, Neuropsicología de la corteza prefrontal y las funciones ejecutivas (pp. 519-531). Barcelona: Viguera.

 

Miriam Benavides

Psicóloga

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